Para mí, una boda representa mucho más que un día concreto. Es una etapa dentro de una historia que comenzó mucho antes, un reflejo de todo el camino que habéis recorrido juntos.
Las miradas, los nervios, las manos que se buscan, las risas que aparecen sin aviso… son momentos que hablan por sí solos y que construyen una narrativa llena de significado.
Mi enfoque va más allá de documentar lo que ocurre. Busco formar parte de la historia, para que las imágenes se integren en ella y os permitan recordar no solo cómo fue ese día, sino cómo lo viviste.